
La firma de libros en Metrópolis fue mucho mejor de lo que esperaba, la verdad. En primer lugar estar tanto tiempo dentro de esa librería tan abarrotada es un puro placer y una tentación constante, porque no paraba de levantarme de donde tenía que estar sentada para acercarme a mirar tal o cual libro en tal o cual rincón.
Llegué pronto a la librería porque me habían citado para hacerme una entrevista para una radio, entrevista que al final no hice porque debimos de cruzarnos el periodista y yo. Y como llegué pronto pues estuve simplemente haciéndome con el lugar hasta que llegaron una madre y una hija que se interesaron por el libro. Fue muy cómico porque, mientras que la madre estaba ilusionada pensando en comprar la novela, la hija se negaba en rotundo a comprarla porque no le gustaba leer. Al final ganó la madre y se llevaron la novela, ¡ojalá conquiste a esa hija!
Antes de que llegase ninguna cara conocida llegaron también varias chicas encantadoras que compraron la novela. Creo que entre ellas estaba Paula, aunque se me mezclan las caras y los nombres, corrígeme si me equivoco, Paula, pero creo que contigo estuve hablando de algunos libros que habíamos leído las dos, ¿no? Me hizo mucha ilusión que gente que no me conocía de nada se interesase por la novela y decidiese llevarla a casa.
Después llegaron todos los amigos que esperaba y que no: mi madrina Rosa y toda su familia, mis tíos Tina y Rogelio, algunos amigos: Ramón (que llenó la tienda con su "sexapil"), las Lolas (que hicieron fotos con el movil como si estuviesen con Ronaldo), Antonio Alfonso (el de la foto), mis padres, Jaci (que lleva más novelas compradas que mi tía pero sólo por poco)... ¡Estuve muy bien acompañada!
Y bueno, cuando ya creía que se había acabado la aventura de la firma de libros, aparecieron dos chicas buscando una novela juvenil. Echándole un poco de cara les aconsejé la mía, pero como me daba bastante vergüenza, pues las dejé a su aire. Jaci, que hace de promotora todas las veces que puede, les enseñó la portada de La Fábrica Creátor y una de las chicas afirmó ilusionada que tenía la novela y que ya la había leído. Corrió a su casa a por ella para que se la firmase. Lógicamente yo le pregunté cómo había descubierto mi libro, esperando que fuese prima o amiga de, y ella respondió categórica que había leído sobre mi novela en la revista "Superpop" o en la "Bravo". Le he rogado que me confirme esa información, ¡¡qué locura!! Me encantaría haber salido en esas revistas.
Y eso fue todo, que ya está bien. Ahora me voy volando a ensayar La Venganza de Don Mendo.